El corpus atribuido a la misteriosa y evanescente figura de William Shakespeare es la cumbre de la dramaturgia moderna y ha suscitado una bibliografía más copiosa que ninguna otra. Con tan gigantesco objeto literario se enfrentó nuestro valeroso autor para preguntar cuál es la concepción de la cosa pública subyacente en el teatro shakesperiano.
La famosa cuestión previa: ¿fue el comediante autodidacta Shakespeare el único autor de los magníficos dramas, o tras él se ocultaban el gran humanista Francis Bacon o el cultivado conde de Oxford? Trillo-Figueroa se inclina por la hipótesis tradicional, la primera, a pesar de que los textos revelan una cultura jurídica difícil de suponer en el Shakespeare históricamente documentado.
Los dramas no revelan a un doctrinario, ni desde el punto de vista general o filosófico, ni desde la perspectiva simplemente política. Pero nuestro autor bucea entre millares de versos para mostrar que la forma estatal reflejada por el dramaturgo como fondo institucional de sus tramas era la monarquía hereditaria y prácticamente absoluta. La legitimidad de origen era la de la sangre, y la legitimidad de ejercicio, era el respeto a la ley. Esto último lo deduce de un solitario y oscuro verso de Ricardo II. La reciente traducción de M.A., Conejero (1995) «Las leyes de su trono han esclavizado a Inglaterra con leyes» no apoya esa interpretación formalista. Pero, sobre todo, entre centenares de miles, diez poéticas y crípticas palabras no son suficientes para fundar un legalismo y, menos aún, un iusnaturalismo shakesperiano.
Colección Espasa Fórum, Espasa-Calpe, 1999. ISBN: 8423997480 / 9788423997480. Tapa dura con sobrecubierta. Buen estado. Esquinas rozadas.






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