Colección Áncora y Delfín 113. Ediciones Destino, 1955 (1ª edición). Tapa dura con sobrecubierta. Aceptable. Sin sobrecubierta, guardas algo sucias, tarlatana a la vista.
Bajo el título general de El gallego y su cuadrilla se reunieron los escritos que Cela llamara «apuntes carpetovetónicos», no sin cierta dosis de ironía y humor. Con desenfado, precisión y, a veces, una voluntaria crueldad, Cela (Premio Nobel de Literatura en 1989) recoge la fauna variopinta que puebla el ancho campo peninsular: poetas cursis, barberos psicólogos, barberos voladores, pedicuras solteras, almas trasnochadas, vagabundos, maletillas, profesores de solfeo, tontos de pueblo y hasta la historia de Sansón García–socio fundador de «La Sosegada Penitencia», sociedad limitada de pompas fúnebres–o de Sebastián Panadero y Sobradillo, descubridor incomprendido de la falsedad del número π. Frente a la presuntuosidad, la obcecación o la insignificancia patética, Cela recurre al esperpento como salvoconducto para la redención. Finalmente, ¿qué otra cosa sino «Apuntes carpetovetónicos» fueron muchas de las páginas maestras de Torres Villarroel o de Quevedo?






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