Los diplomáticos, al menos los españoles, saben perfectamente dos cosas: a quién corresponde pasar por delante en las puertas y quién precede a quién en el escalafón. Eso y una cierta fama de escasa afición al trabajo hizo que, en tiempos de Franco, se conociera a más de uno con el mote de Educación y Descanso.
Edgar Neville, en un sencillo telegrama, resumió el triste sino del diplomático. El mensaje decía: «Sin instrucciones concretas, sin idea de la misión que debo realizar y sin estar muy seguro de cómo llegaré a un lugar cuya localización geográfica desconozco, parto hacia Tegucigalpa, en donde quedaré como siempre a las órdenes de vuecencia.» Fue destituido fulminantemente.
Editorial Planeta, 1997 (1ª edición). ISBN: 8408022563 / 9789788408022565. Rústica. Buen estado. Anotaciones en página del título.






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